De verde, rojo, amarillo, negro y blanco, colores que no por casualidad constituyen su logo y rostro como organización, representando a los bosques ecuatoriales africanos, la sangre de la Raza Negra, el oro de África, el orgullo de la Raza Negra y la Paz mundial (respectivamente); Olodum se para de cara al mundo para enfrentarlo e invitarlo a danzar.
Evitando que la realidad transcurra por un costado, niños, niñas, jóvenes, adultos y ancianos, eligen el cantar y bailar cómo método de resistencia y forma de vida.
El siguiente es un artículo traído desde la web Educa con TIC:
Nada mejor que este movido vídeo para introduciros el interesante proyecto que hoy os traemos...
Pasear por el interesante barrio del Pelourinho, en Salvador de Bahia, es una de las experiencias que toda persona que visite Brasil va a recordar de por vida. El barrio ha sido declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO y el nombre "pelourinho" hace referencia a un mecanismo de tortura de esclavos. Y es que además del nombre, la cultura que dejaron los esclavos y que se ha ido mezclando con otras tradiciones, es uno de los componentes básicos del barrio, acompañado también por la pobreza y por niños y niñas de la calle.
Hace ya más de 30 años, en 1979 se creó la escuela Olodum, una mezcla de escuela de música y percusión, con programa social y comunitario:
"La finalidad es formar grupos de percusión, teatro y danza integrados por niños y jóvenes del barrio, que viven en plena pobreza. La primera banda musical fue un éxito y la escuela se convirtió en centro de participación cívica y formación que capacita laboralmente a los chicos y adolescentes afrodescendientes." (Wikipedia)
A través de la música, el teatro, el canto y el baile, se trabajan habilidades y capacidades para que los jóvenes participantes tengan algunas herramientas para afrontar su situación y un futuro poco esperanzador. Además, reforzando su identidad, cultura y tradiciones.
El taller de liderazgo, es un taller obligatorio para todos los miembros de la Escuela Olodum, utiliza la metodología del psicodrama en educación, con el objetivo de educar para la ciudadanía, en un modo de vida sostenible, permitiendo el descubrimiento de su propia autoestima y su identidad étnica, a través de lo lúdico y creativo, y el fortalecimiento del protagonismo de los menores.
Las actividades desarrolladas en Olodum, complementan las realizadas en la escuela, ofreciendo a la vez, un entorno seguro y enriquecedor para los jóvenes, evitando el deambular por las calles y relacionarse con ambientes menos sanos. Buscan unir práctica y teoría, arte y tecnología, valores culturales comunitarios y globalización, para hacer viable su misión de desarrollar el ejercicio de ciudadanía y preservación de la cultura afro, por medio de las artes.
Estas actividades son:
Percusión, danza afro, canto / coral, "Empreendedorismo Cultural", informática cultural, seminarios, Festival de Música y Arte Olodum Mirim, Bloco Afro Olodum Mirim, talleres de Percusión y Danza Afro, consultoría a Escuelas Particulares, visitas guiadas, transferencia de tecnología social, etc.
En el blog de la escuela, podremos seguir más de cerca todas estas actividades:
Olodum se han convertido en un referente nacional e internacional, sirviendo de modelo a escuelas similares en Río de Janeiro, Brasilia, São Paulo, Sergipe.... Un modelo que propone actividades culturales para la gente joven, relacionadas con la música, el teatro, la danza, etc. para conseguir sus objetivos: combatir el racismo, fomentar la autoestima y el orgullo entre los afro-brasileños, y pelear por los derechos civiles de todos los grupos marginales.
Y su popularidad les llevó a participar y compartir proyectos con grandes artistas como Michael Jackson, Paul Simon, Roberto Carlos, Herbie Hancock, Wayne Shorter, Caetano Veloso, Ziggy Marley, Chico Buarque, Los Fabulosos Cadillacs, Daniela Mercury, etc. Y algunos de los participantes de Olodum se han convertido en grandes percusionistas.
Lo que en un principio eran simples ensayos callejeros, se convirtieron de pronto en espectáculos culturales de gran magnitud, atrayendo turistas y locales, un proceso que acompañó al desarrollo del propio barrio; rehabilitando edificios y aumentando la seguridad de los visitantes. Sirvieron como instrumento de animación y dieron impulso para desarrollar el proceso de revitalización cultural del Centro Histórico de Salvador, que estaba bastante degradado.
Así que cada domingo, al atardecer, los chicos y chicas de Olodum ofrecen un espectáculo único, que al son de los tambores, habla de identidad, cultura, dignidad, derechos sociales... y un futuro mejor para todos ellos.
Más información:
Etiquetas: artistas, Cultura, educación, música para el alma, otro mundo es posible
En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: “….haga el bachillerato en 6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos….. ”
Quizá se supriman algunos… detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas, no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí -o a cualquiera- me llevó decenios.
¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios.
A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las “señoritas livianas”, los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que nos ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.
Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros.
Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio.
Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando “Desde el Alma” sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro.
Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa.
Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente.
Gane mucho “vento” sin esfuerzo ninguno.
No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable.
¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!
El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. “Nunca termina uno de aprender” reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto.
Los cursos que no se dictan: Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. “Olvide hoy, pague mañana”. Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente.
Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.
Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los “sistemas para enseñar lo que es bueno”, “a respetar, quién es uno”, etc.
Todos estos cursos comienzan con la frase “Yo te voy a enseñar” y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes.
Elogio de la ignorancia: Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba.
Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida.
De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda.
Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.
“Aprenda a tocar la flauta en 100 años”.
“Aprenda a vivir durante toda la vida”.
“Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje” .